Viendo juz 28
Viendo juz 28
Al-Mujadila
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The Pleading Woman
Dios oyó las palabras de quien reclamaba ante ti [¡Oh, Muhámmad!] acerca de su esposo y se quejaba por su aflicción ante Dios, y Dios escuchaba su diálogo porque Dios todo lo oye, todo lo ve.
Quienes digan a sus mujeres: “¡Eres para mí tan ilícita como mi madre!” deben saber que ellas no son sus madres. Sus madres son solo quienes los han dado a luz. Lo que dicen es reprobable y falso, pero Dios es Remisorio, Absolvedor.
Quienes repudien a su mujer diciéndole: “¡Eres para mí tan ilícita como mi madre!”, y luego se retracten, deberán liberar a un esclavo1 antes de poder cohabitar. Así es como se les escarmienta. Sabed que Dios está bien informado de cuanto hacéis.
Pero quien no pueda hacerlo1, deberá ayunar dos meses consecutivos antes de poder cohabitar. Quien no pueda2, deberá alimentar a sesenta pobres. Esto es para que creáis [con sinceridad] en Dios y en Su Mensajero. [Y aprendáis a respetar a la mujer]. Estos son los preceptos de Dios. Pero los que se nieguen a creer3 recibirán un castigo doloroso.
Los que combatan a Dios y a Su Mensajero serán derrotados como quienes los precedieron. He revelado signos evidentes, y por eso quienes se nieguen a creer recibirán un castigo humillante.
El día que Dios les resucite a todos, les informará cuanto hicieron. Dios registró sus obras, mientras que ellos las olvidaron. Dios es testigo de todo.
¿Acaso no ves que Dios conoce cuanto hay en los cielos y en la Tierra? No hay confidencia entre tres sin que Él sea el cuarto, ni entre cinco sin que Él sea el sexto. Siempre, sean menos o más, Él estará presente dondequiera que se encuentren. El Día de la Resurrección les informará sobre lo que hicieron. Dios tiene conocimiento de todas las cosas.
¿Acaso no ves a aquellos a los que se les habían prohibido los conciliábulos, pero igualmente persisten en hacerlo en secreto? Se confabulan para la maldad, la enemistad y la desobediencia al Mensajero. Cuando se presentan ante ti [¡Oh, Muhámmad!] no te saludan como Dios ha ordenado que lo hagan1, y se dicen entre ellos [en tono burlón]: “¿Por qué será que Dios no nos castiga por lo que decimos?” Será suficiente el Infierno al que serán arrojados. ¡Qué pésimo destino!
¡Oh, creyentes! Cuando habléis en secreto no lo hagáis para cometer una maldad, crear una enemistad o desobedecer al Mensajero, sino que hablad en secreto para acordar actos de benevolencia y piedad. Tened temor de Dios, que ante Él compareceréis.
Las confabulaciones son obras del demonio para entristecer a los creyentes. Pero, en realidad, no podréis hacerles ningún daño, salvo que Dios lo permita. Que a Dios se encomienden los creyentes.
¡Oh, creyentes! Cuando se os dice: “Haced un lugar en las reuniones1, hacedlo, para que Dios os haga a vosotros un lugar2”. Y si se os dice: “¡Levantaos3!” Levantaos. Sabed que Dios elevará en grados a los creyentes y a quienes agracie con el conocimiento. Dios sabe cuanto hacéis.
¡Oh, creyentes! Cuando queráis consultar en privado al Mensajero, antes de presentarse haced una caridad. Esto es mejor para vosotros porque os purifica. Pero si no podéis, sabed que Dios es Absolvedor, Misericordioso.
¿Acaso teméis no poder ofrecer una caridad antes de consultarle1 en privado? Si no podéis hacerlo Dios os absolverá, pero haced la oración prescrita, pagad el zakat y obedeced a Dios y a Su Mensajero. Dios está bien informado de cuanto hacéis.
¿No has reparado en aquellos1 que tomaron como aliados a un pueblo que cayó en la ira de Dios2? No están con unos ni con otros, y juran con mentiras a sabiendas.
Dios les ha preparado un castigo severo por el mal que cometieron.
Se escudan en sus falsos juramentos para engañar a la gente, apartándola del sendero de Dios, y por eso recibirán un castigo humillante.
Ni sus riquezas ni sus hijos les serán de beneficio alguno ante Dios. Ellos serán los moradores del Infierno, donde sufrirán por toda la eternidad.
El día que Dios los resucite a todos, Le jurarán como os juraban a vosotros, creyendo que les servirá de algo. ¿Acaso no son ellos los que mienten?
El demonio les sedujo y les hizo olvidar que recordaran a Dios. Esos son los partidarios del demonio. ¿Acaso no son secuaces del demonio los perdedores?
Quienes se enfrenten a Dios y a Su Mensajero serán los más viles.
Dios ha decretado: “Mis Mensajeros y Yo venceremos”. Dios es Fortísimo, Poderoso.
No encontraréis ningún pueblo que crea en Dios y en el Día del Juicio que sienta afecto por quienes combaten a Dios y a Su Mensajero, aunque estos sean sus padres, sus hijos, sus hermanos o sus parientes. A ellos [Dios] les ha grabado la fe en sus corazones, los ha fortalecido con Su luz y les ingresará en jardines por donde corren ríos por toda la eternidad. Dios se complace de ellos y ellos de Él. Estos son los aliados de Dios. ¿Acaso no son los aliados de Dios los triunfadores?
Todo lo que hay en los cielos y en la Tierra glorifica a Dios. Él es el Poderoso, el Sabio.
Él es Quien hizo que los que se negaron a creer de la Gente del Libro1 abandonaran sus hogares en el primer destierro. Vosotros no creeríais que ellos saldrían, y ellos pensaban que sus fortalezas los protegerían de Dios. Pero Dios les sorprendió de donde menos lo esperaban. Infundió terror en sus corazones, y comenzaron a destruir sus casas con sus propias manos y con las manos de los creyentes. Reflexionad sobre ello, ¡oh, gente que razona!
Si Dios no hubiera decretado su destierro, les habría castigado en la vida mundanal. En la otra vida, no obstante, sufrirán el castigo del Infierno
por haberse enfrentado a Dios y a Su Mensajero. Quien se enfrente a Dios debe saber que Dios es severo en el castigo.
[Oh, musulmanes, no sintáis pesar,] porque tanto si talaban una palmera o la dejaban en pie, era con el permiso de Dios, con el fin de doblegar a los corruptos.
Vosotros no tuvisteis la necesidad de emplear caballos ni camellos para contribuir a lo que Dios concedió a Su Mensajero como botín, porque Dios concede a Sus Mensajeros predominio sobre quien quiere. Dios tiene poder sobre todas las cosas.
Lo que Dios concedió de la gente de las aldeas a Su Mensajero1 pertenece a Dios, al Mensajero, a sus parientes, a los huérfanos, a los pobres y al viajero insolvente, para que la riqueza no sea un privilegio solo de los ricos. Lo que os ha transmitido el Mensajero tomadlo, y cuanto os haya prohibido dejadlo. Tened temor de Dios, porque Dios es severo en el castigo.
[También le corresponde una parte de dicho botín] a los emigrados pobres que fueron expulsados de sus hogares y despojados de sus bienes cuando buscaban la gracia de Dios y Su complacencia, y apoyaron a Dios y a Su Mensajero. Ellos son los sinceros.
Quienes estaban establecidos1 y aceptaron la fe antes de su llegada, aman a los que emigraron, no sienten envidia alguna en sus corazones por lo que se les ha dado y los prefieren a sí mismos aunque estén en extrema necesidad. Quienes hayan sido preservados de la avaricia serán los triunfadores.
Quienes vienen después de ellos imploran: “¡Señor nuestro! Perdónanos, a nosotros y a nuestros hermanos que nos han precedido en la fe. No infundas en nuestros corazones rencor hacia los creyentes ¡Señor nuestro!, Tú eres Compasivo, Misericordioso”.
¿Acaso no observas cuando los hipócritas dicen a sus hermanos de la Gente del Libro que se negaron a creer: “Si sois expulsados, saldremos con vosotros, y jamás obedeceremos a nadie que os quiera dañar. Y si los combaten, los socorreremos”? Dios es testigo de que mienten.
Si son expulsados, no se irán con ellos. Si son combatidos, no los socorrerán. Y aun si los socorrieran huirían del combate, y de nada les serviría su ayuda.
Ellos os temen más a vosotros en su corazón que a Dios, porque son un pueblo que no comprende [la grandeza de Dios].
No combatirán unidos contra vosotros, salvo en aldeas fortificadas o detrás de murallas. Entre ellos hay una fuerte hostilidad. Vosotros pensáis que ellos son unidos, pero sus corazones están divididos. Es porque que son gente que no razona.
Son como sus más cercanos precursores1, que sufrieron las consecuencias de su conducta y por ello recibirán un castigo doloroso.
Como el demonio cuando le dice al ser humano: “¡Niega la verdad!” Pero cuando este le obedece, dice: “Yo no soy responsable de ti, yo temo a Dios, Señor del universo”.
El final de ambos será el Infierno donde sufrirán eternamente. Este es el final de los injustos.
¡Oh, creyentes! Tened temor de Dios, y que cada alma considere cuánto ha obrado para el mañana1. Tened temor de Dios, porque Dios está bien informado de cuanto hacéis.
No seáis como quienes se olvidaron de Dios, y Dios hizo que se olvidaran de sí mismos1. Esos son los perversos.
No se equiparan los compañeros del Infierno con los compañeros del Paraíso. Los compañeros del Paraíso son los que triunfan.
Si hubiera revelado este Corán a una montaña, la habrías visto temblar y derrumbarse por temor a Dios. Así exponemos a la gente los ejemplos para que reflexionen.
Él es Al-lah, no hay otra divinidad salvo Él, el Conocedor de lo oculto y de lo manifiesto. Él es el Compasivo, el Misericordioso.
Él es Al-lah, no hay otra divinidad salvo Él, el Soberano Supremo, el Santísimo, el Salvador, el Dispensador de seguridad, el Custodio [de la fe], el Todopoderoso, el Dominador y el Soberbio. ¡Glorificado sea Dios! Está por encima de las divinidades que Le asocian.
Él es Al-lah, el Creador, el Iniciador y el Formador. Suyos son los nombres más sublimes. Todo cuanto existe en los cielos y en la Tierra Lo glorifica. Él es el Poderoso, el Sabio.
¡Creyentes! Si el abandono de vuestros hogares [en La Meca] fue sincero por Mi causa y para obtener Mi complacencia, no toméis por confidentes a quienes demuestran ser Mis enemigos, y enemigos vuestros, revelándoles secretos [de Estado] como muestra de afecto hacia ellos; porque ellos han negado abiertamente la verdad revelada, han expulsado al Mensajero y os han expulsado a vosotros [de La Meca y de vuestros hogares], simplemente por haber creído en Dios, vuestro Señor. ¿Cómo podéis confiarles secretos por afecto? Yo bien sé lo que ocultáis y lo que manifestáis. Quien obre así se habrá extraviado del camino correcto.
Si ellos tuvieran dominio sobre vosotros, os mostrarían su verdadera enemistad maltratándoos física y verbalmente. Ellos querrían que vosotros dejarais de creer [en el Islam].
En nada os beneficiarán vuestros lazos familiares ni vuestros hijos, el Día de la Resurrección Dios juzgará entre vosotros. Dios sabe cuanto hacéis.
Tenéis un buen ejemplo en Abraham y sus seguidores, cuando dijeron a su pueblo: “Nosotros somos inocentes de vosotros y de cuanto adoráis en lugar de Dios. Negamos que haya verdad en lo que vosotros creéis, y comenzará la animadversión y el desacuerdo [en temas de creencia] hasta que aceptéis que solamente Dios merece ser adorado”. Pero no hagáis como Abraham, cuando le dijo a su padre: “Pediré perdón por ti, pero no puedo hacer nada por ti ante Dios”1. [Abraham oraba diciendo:] “¡Señor nuestro! A Ti nos encomendamos, a Ti te pedimos perdón y a Ti volveremos.
¡Señor nuestro! No permitas que los que se han negado a creer nos persigan, ni hagas de nosotros una causa por la cual se alejen [del Islam]. Perdónanos, ¡Señor nuestro! Tú eres el Poderoso, el Sabio”.
En ellos1 tenéis un bello ejemplo quienes anheláis el encuentro con Dios y la recompensa el Día del Juicio. Pero quien se aparte, sepa que Él es el Opulento, el Loable.
Es posible que Dios haga surgir afecto mutuo entre vosotros y los que ahora son vuestros enemigos1. Dios tiene poder para hacerlo, porque es Perdonador, Misericordioso.
Dios no os prohíbe hacer el bien y tratar con justicia a quienes no os han combatido por causa de la religión ni os han expulsado de vuestros hogares, porque Dios ama a los que actúan con justicia.
Dios solo os prohíbe que tomad por aliados a quienes os combaten a causa de la religión y os han expulsado de vuestros hogares o han contribuido a vuestra expulsión. Sabed que quienes los tomen como aliados estarán cometiendo una injusticia.
¡Oh, creyentes! Cuando mujeres creyentes lleguen como emigrantes, comprobad su fe1. Dios conoce su fe. Si corroboran que son creyentes, entonces no las devolváis a los que se negaron a creer2. Ellas no son lícitas para ellos ni ellos lo son para ellas. Devolved a sus exmaridos la dote que ellos les hayan dado, y sabed que no hay nada reprochable en que los creyentes se casen con ellas, siempre que les concedan la dote correspondiente. No debéis vosotros, por vuestra parte, retener a las mujeres que se niegan a creer3, pero podéis exigir que se les devuelva lo que hayan dado como dote, como ellos4 también tienen derecho a exigirla. Esa es la ley de Dios que prescribió para vosotros. Dios es Sapiente, Sabio.
A aquellos cuyas esposas se hayan ido con los que se negaron a creer y les perjudiquen1, dadles una compensación2 acorde a lo que gastaron. Tened temor de Dios, en Quien vosotros creéis.
¡Oh, Profeta! Cuando las mujeres creyentes se presenten ante ti para prestarte juramento de fidelidad, comprometiéndose a no cometer idolatría, no robar, no cometer fornicación ni adulterio, no matar a sus hijos, no decir ninguna calumnia y a no desobedecerte, tómales el juramento de fidelidad y pide perdón a Dios por ellas. Dios es Absolvedor, Misericordioso.
¡Creyentes! No toméis por aliados a quienes han caído en la ira de Dios, pues habréis perdido toda esperanza en la recompensa de la otra vida, como ocurre también con los que niegan la resurrección de los muertos.
Todo cuanto existe en los cielos y en la Tierra glorifica a Dios. Él es el Poderoso, el Sabio.
¡Creyentes! ¿Por qué decís una cosa pero hacéis otra?
Es aborrecible ante Dios que vuestros actos no sean coherentes con vuestras palabras.
Dios ama a quienes luchan por Su causa en filas ordenadas, como si
[Recordad] cuando Moisés dijo a su pueblo: “¡Pueblo mío! ¿por qué me maltratáis a pesar de saber que soy el Mensajero que Dios os ha enviado?” Cuando [su pueblo] se alejó [del Mensaje], Dios desvió sus corazones [alejándolos de la guía]. Dios no guía a los perversos.
Y cuando Jesús, hijo de María, dijo: “¡Oh, hijos de Israel! Yo soy el Mensajero que Dios os ha enviado para corroborar la Torá y anunciar a un Mensajero que vendrá después de mí llamado Ahmad”1. Pero cuando les mostró los milagros, dijeron [con incredulidad manifiesta]: “¡Esto es pura hechicería!”
¿Existe alguien más injusto que quien inventa mentiras acerca de Dios cuando es invitado al Islam? Dios no guía a los injustos.
Pretenden extinguir la luz [del Mensaje] de Dios con las mentiras que pronuncian sus bocas, pero Dios hará que Su luz resplandezca, aunque esto desagrade a los que rechazan el Mensaje.
Él es Quien ha enviado a Su Mensajero con la Guía y la religión verdadera para que prevalezca sobre todas las religiones, aunque ello disguste a los idólatras.
¡Creyentes! ¿Queréis que os enseñe un negocio que os salvará del castigo doloroso?
[Este buen negocio es que] creáis en Dios y en Su Mensajero, contribuyáis por la causa de Dios con vuestros bienes y vuestras vidas, pues ello es lo mejor para vosotros. ¡Si supierais!
[Si hacéis esto, Dios] perdonará vuestros pecados y os ingresará en jardines por donde corren ríos, donde habitarán en hermosas moradas en los jardines del Edén. ¡Ese es, sin duda, el éxito grandioso!
También os dará algo que amáis: “Su auxilio y una pronta victoria”. Albricia a los creyentes [con la recompensa que recibirán en esta vida y en la otra].
¡Creyentes! Socorred [la religión de] Dios como lo hicieron los discípulos de Jesús, el hijo de María, cuando les dijo: “¿Quiénes me socorrerán en la causa de Dios?” Los discípulos respondieron: “Seremos los socorredores de [la religión de] Dios”. Pero un grupo de los Hijos de Israel creyó [en la profecía de Jesús] y otro grupo rechazó su Mensaje. Entonces di Mi apoyo a los creyentes y así vencieron a sus enemigos.
Todo cuanto existe en los cielos y en la Tierra glorifica a Dios, el Soberano Supremo, el Santísimo, el Poderoso, el Sabio.
Es Él Quien eligió de entre los que no sabían leer ni escribir1 un Mensajero para que les recite Sus preceptos, les purifique y les enseñe el Libro y la sabiduría; antes de ello se encontraban en un extravío evidente.
Y [para que Su Mensaje se extienda] a otros que todavía no han llegado1. Dios es el Poderoso, el Sabio.
Este es un favor que Dios concede a quien quiere, porque Dios es el poseedor del favor inmenso.
Aquellos a quienes les fue confiada la Torá, pero no practicaron [sus principios], se asemejan al asno que lleva una carga de libros1. ¡Qué pésimo es el ejemplo de aquellos que desmienten las enseñanzas de Dios! Dios no guía a los injustos.
Diles: “¡judíos! Si realmente sois los elegidos de Dios y las otras personas no lo son, como pretendéis, entonces desead la muerte, si es que sois sinceros”.
Pero nunca la desearán, por los pecados que cometieron sus manos. Y Dios conoce bien quiénes son injustos.
Diles: “La muerte de la que huis os alcanzará de igual forma. Luego tendréis que comparecer ante el Conocedor de lo oculto y de lo manifiesto, y Él os informará lo que hacíais”.
¡Creyentes! Cuando sea realizada la llamada a la oración del día viernes, acudid al recuerdo de Dios y abandonad el comercio, es lo mejor para vosotros. ¡Si supierais!
Cuando haya terminado la oración dispersaos por la tierra procurando el sustento de Dios, y recordad mucho a Dios, que así alcanzareis el éxito.
Pero a aquellos que si ven un negocio o una diversión corren hacia ello y te dejan [solo] de pie1, diles: “La recompensa que Dios tiene reservada [para los piadosos] es mejor que cualquier diversión o negocio, y [sabed que] Dios es el mejor de los sustentadores”.
Cuando los hipócritas se presentan ante ti [¡Oh, Muhámmad!], dicen: “Atestiguamos que eres el Mensajero de Dios”. Dios bien sabe que eres el Mensajero, pero Él mismo atestigua que los hipócritas son mentirosos.
[Los hipócritas] se escudan en sus juramentos para apartar [a algunas personas] del sendero de Dios. ¡Qué pésimo es lo que hacen!
Ello1 es porque creyeron y luego renegaron, entonces sus corazones fueron sellados y ya no pueden discernir.
Cuando les observas te agrada su aspecto, y cuando hablan prestas atención a sus palabras, pues parecen maderos bien afirmados; pero cada vez que se alza la voz se sobresaltan, porque creen que es contra ellos. Ellos son el enemigo, sé precavido con ellos. Dios les destruirá por haberse desviado tanto.
Cuando se les dice: “Venid, que el Mensajero de Dios pedirá perdón por vosotros”, mueven su cabeza [en señal de burla] y les ves evadirte con soberbia.
[Oh, Muhámmad!] Lo mismo da que pidas perdón por ellos o que no lo hagas, Dios no les perdonará. Dios no guía a la gente corrupta.
Ellos dicen: “No ayudéis a los que están con el Mensajero de Dios hasta que le abandonen”. Es a Dios a quien pertenecen los tesoros de los cielos y de la Tierra, pero los hipócritas no lo comprenden.
Dicen: “Si regresamos a la ciudad [de Medina], los más poderosos expulsaremos de ella a los más débiles1”. Pero el verdadero poder pertenece a Dios, a Su Mensajero y a los creyentes, aunque los hipócritas no lo saben.
¡Creyentes! Que las posesiones materiales y los hijos no os distraigan del recuerdo de Dios. Pues quienes se alejen del recuerdo de Dios serán los perdedores.
Dad en caridad parte de lo que os he provisto, antes de que la muerte os sobrevenga y [justo] entonces digan: “¡Señor mío! Concédeme un poco más de tiempo para poder hacer caridades y ser de los piadosos”.
Pues Dios no retrasará el momento fijado para cada alma cuando este llegue, y [sabed que] Dios está bien informado de cuanto hacéis.
Todo cuanto existe en los cielos y en la Tierra glorifica a Dios. Suyo es el reino y Suyas son las alabanzas. Él tiene poder sobre todas las cosas.
Él es Quien os ha creado. Entre vosotros hay quienes rechazan el Mensaje y quienes creen en él. Dios sabe bien cuanto hacéis.
Dios creó los cielos y la Tierra con un fin justo y verdadero, y les dio una conformación armoniosa. Ante Él compareceréis para responder por vuestras obras.
Dios conoce cuanto existe en los cielos y en la Tierra, conoce lo que ocultáis y lo que manifestáis. Dios sabe bien lo que esconden los corazones.
¿Acaso no os ha sido relatada la historia de los pueblos de la antigüedad que rechazaron el Mensaje? Sufrieron las consecuencias de su conducta y les espera un castigo doloroso.
Los Mensajeros se presentaban ante ellos con las evidencias, pero de cían: “¿Acaso un mortal [igual que nosotros] nos ha de guiar?” Y así se negaron a creer, y se apartaron [de la Verdad]. Pero Dios no necesita de ellos, Él es Autosuficiente, Loable.
Los que rechazan el Mensaje alegan que no serán resucitados. Diles: “¡[Juro] por mi Señor que sí! Seréis resucitados, y luego se os informará de cuanto hicisteis. Sabed que eso es fácil para Dios”.
Creed en Dios, en Su Mensajero y en la Luz que ha revelado [el Corán]. Dios está bien informado de cuanto hacéis.
Cuando seáis congregados para el día de la reunión, ese será el día del desengaño [para los incrédulos]. A quien crea en Dios y haya obrado correctamente, Él le perdonará sus faltas y le introducirá en jardines por donde corren ríos, donde vivirá eternamente. ¡Ese es el triunfo grandioso!
En cambio, los que rechazaron el Mensaje y desmintieron Mis signos sufrirán en el fuego del Infierno por toda la eternidad. ¡Qué pésimo destino!
Todas las desgracias acontecen con el permiso de Dios. Quien crea en Dios, Él guiará su corazón [y comprenderá que todo es parte del gran designio de Dios]. Dios tiene conocimiento de todas las cosas.
Obedeced a Dios y obedeced al Mensajero. Pero si se rehusáis, sabed que Mi Mensajero solo tiene la obligación de transmitir el Mensaje con claridad.
¡Al-lah! No existe divinidad excepto Él. Que los creyentes depositen su confianza en Dios.
¡Creyentes! vuestros cónyuges o hijos pueden convertirse en vuestros enemigos1. Tened precaución. Pero si pasáis por alto [sus faltas], sois tolerantes con ellos y los perdonáis, sabed que Dios es Perdonador, Misericordioso.
Vuestros bienes materiales y vuestros hijos son una tentación, pero Dios tiene junto a Sí una recompensa grandiosa.
Tened temor de Dios tanto como podáis. Escuchad y obedeced [la revelación], y dad caridad, porque es lo mejor para vosotros mismos. Sabed que quienes luchen contra su propia avaricia serán los triunfadores.
Si hacéis a Dios un préstamo generoso1, Él lo devolverá multiplicado y perdonará vuestras faltas. Dios es Agradecido, Tolerante,
conoce lo oculto y lo manifiesto, Él es el Poderoso, el Sabio.
¡Oh, Profeta!, [haz saber a los musulmanes que] cuando divorcien a las mujeres, deben hacerlo durante el tiempo señalado1. Calculad con atención los días de ese período, y tened temor de Dios, vuestro Señor. No las expulséis de sus hogares y que ellas tampoco lo abandonen, a menos que hayan cometido una indecencia evidente. Estas son las leyes de Dios. Quien quebrante las leyes de Dios habrá sido injusto consigo mismo. Tú no sabes si Dios, después de esa [primera ruptura], hará surgir una reconciliación.
Cuando estén a punto de finalizar su período de espera, podéis reconciliaros de forma justa o divorciaros definitivamente en términos justos. Hacedlo ante dos testigos neutrales de entre vosotros, y cumplid con vuestro testimonio por Dios. Al cumplimiento de estas leyes es que se exhorta a quien cree en Dios y en el Día del Juicio. Sabed que a quien tenga temor de Dios, Él le dará una solución,
y le dará sustento de donde no lo esperaba. Quien deposite su confianza en Dios, sepa que Él le será suficiente. Dios hará que el designio se cumpla, y ha establecido para cada cosa un término y una medida.
El período de espera para aquellas mujeres que hayan llegado a la menopausia, si tienen dudas [sobre el término del periodo], o aquellas que no menstrúan, es de tres meses. En cambio, el de las embarazadas finalizará cuando den a luz. Sabed que a quien tenga temor de Dios, Él le facilitará sus asuntos.
Estas son las leyes que Dios ha prescrito. A quien tenga temor de Dios, Él le perdonará sus malas obras y le aumentará su recompensa.
Dadle a la mujer durante ese periodo el mismo nivel de vida que vosotros tenéis conforme a vuestras posibilidades. No la perjudiquen con ánimo de molestarla. Si ella está embarazada, debéis mantenerla hasta que dé a luz, y si ambos acordáis que ella amamante a su hijo, debéis mantenerla [hasta que termine la lactancia]. Tened buen trato y llegad a un acuerdo de buena manera. Pero si discrepáis [sobre la lactancia del hijo], entonces que otra mujer lo amamante [por cuenta del padre].
Que el adinerado mantenga de acuerdo a su abundancia1, pero aquel cuyo sustento es escaso que lo haga acorde a lo que Dios le ha provisto. Dios no exige a nadie por encima de sus posibilidades. Dios hará que luego de toda estrechez venga la prosperidad.
¡A cuántos pueblos que desobedecieron a su Señor y a Sus Mensajeros les hice rendir cuentas en forma severa y les azoté con un castigo nunca visto!
Ellos sufrieron las consecuencias de sus obras. Su final fue la perdición.
[A ellos] Dios les ha preparado un castigo severo. Tened temor de Dios, vosotros que reflexionáis y sois creyentes, ya que Dios ha descendido para vosotros el Corán [para que lo toméis como código de vida],
y os ha enviado un Mensajero que os recita el claro Mensaje de Dios, para sacar de las tinieblas hacia la luz a quienes crean y obren correctamente. A quien crea en Dios y obre piadosamente, Él lo introducirá en jardines por donde corren ríos, en los que vivirán eternamente. ¡Qué hermoso sustento!
Dios ha creado siete cielos y la Tierra de manera similar1. A través de ellos desciende Su designio para que sepáis que Dios tiene poder sobre todas las cosas y que todo lo abarca en Su conocimiento.
¡Oh, Profeta! ¿Por qué te prohíbes a ti mismo lo que Dios te ha hecho lícito, pretendiendo con ello complacer a tus esposas? [Sabe que a pesar de ello] Dios es Absolvedor, Misericordioso1.
Dios os ha prescrito cómo anular y expiar los juramentos [que no vais a cumplir]. Dios es vuestro Protector y Él todo lo sabe, es Sabio.
Cuando el Profeta confió un secreto a una de sus esposas [Hafsah] y ella lo contó [a Aishah], Dios le reveló [al Profeta] lo ocurrido, y él le refirió [a Hafsah] una parte de lo que ella había hecho. Entonces, esta le preguntó: “¿Quién te lo ha dicho?” Y Él respondió: “Me lo ha revelado el que todo lo sabe, Él está bien informado de cuanto hacen Sus siervos”.
Ambas debéis arrepentiros, pues vuestros corazones se han apartado [del respeto debido al Profeta]. Pero si seguís confabuladas [por celos] contra él, sabed que Dios es su Protector, y que le socorrerán el ángel Gabriel y los creyentes virtuosos, y todos los demás ángeles acudirán en su ayuda.
Sabed que si él os divorcia, su Señor le concederá esposas mejores que vosotras, que sean creyentes, que se sometan y obedezcan a Dios, se arrepientan, sean devotas [a Dios] y ayunen, algunas ya antes casadas o vírgenes.
¡Oh, creyentes! Protegeos a vosotros mismos y a vuestras familias del Fuego [del Infierno], cuyo combustible serán los seres humanos y las piedras1, y en el que habrá ángeles rigurosos y severos que no desobedecen a Dios en lo que Él les ordena, sino que ejecutan Sus órdenes.
[El Día del Juicio se o dirá:] ¡Los que rechazaron el Mensaje! Hoy no pretendan excusarse, simplemente recibirán el merecido por lo que hayan hecho.
¡Creyentes! Arrepentíos sinceramente ante Dios, puede que así vuestro Señor borre vuestras faltas y os introduzca en jardines del Paraíso por donde corren ríos. Ese día Dios no avergonzará al Profeta ni a los que creyeron junto a él. Una luz se extenderá delante de ellos y a su derecha, y ellos dirán: “¡Señor nuestro! Auméntanos nuestra luz y perdónanos. Tú eres sobre toda cosa poderoso”.
¡Profeta! Haz frente1 a los que rechazaron el Mensaje y a los hipócritas, y sé riguroso con ellos. [Si no se arrepienten ante Dios] tendrán el Infierno por morada. ¡Qué pésimo destino!
Para los que rechazaron el Mensaje, Dios les plantea como ejemplos los casos de la mujer de Noé y la de Lot: ambas estaban casadas con dos de Mis siervos justos pero no creyeron1 y [Noé y Lot] no pudieron hacer nada por ellas ante Dios. Y [el Día del Juicio] se les dirá: “Entrad ambas en el Fuego junto con los demás condenados”2.
Y para los creyentes como ejemplo plantea el caso de la mujer del Faraón [que era una verdadera creyente] cuando dijo: “¡Señor mío! Constrúyeme, junto a Ti, una morada en el Paraíso, y sálvame del Faraón y de sus obras abominables. Sálvame de este pueblo opresor”.
Y también el ejemplo de María, hija de ‘Imrán1, quien preservó su castidad; insuflé en ella un espíritu Mío. Ella creyó en la veracidad de las Palabras de su Señor y en Sus Libros, y fue realmente una mujer devota.
Fin de la sura
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