Viendo sura 28
Viendo sura 28
Al-Qasas
.28
The Stories
Ta’. Sin. Mim.
Éstos son los preceptos del Libro claro.
Te narro parte de la verdadera historia de Moisés y del Faraón, para la gente que cree.
El Faraón fue un tirano en la Tierra. Dividió a sus habitantes en clases y esclavizó a un grupo de ellos1, a cuyos hijos varones degolló, dejando con vida a las mujeres [para la servidumbre]. Sembró la corrupción.
Quise agraciar a quienes habían sido esclavizados en la Tierra, y convertirlos en líderes ejemplares y en herederos,
dándoles poder sobre la tierra1, y hacer que el Faraón, Hamán y sus huestes vieran [hecho realidad] lo que temían.
Inspiré a la madre de Moisés: “Amamántalo, y cuando temas por él déjalo [en un cesto de mimbre] en el río. No temas ni te entristezcas, porque te lo devolveré y haré de él un Mensajero”.
Le recogió la gente del Faraón para que [sin saberlo] se convirtiera en su enemigo y la causa de su pesar. El Faraón, Hamán y sus huestes eran pecadores.
Dijo la mujer del Faraón: “[Este niño] será una alegría para mis ojos y los tuyos. No le mates. Puede que nos beneficie. ¡Adoptémosle!” Ellos no presentían [en qué se convertiría].
La madre de Moisés sintió un vacío en su corazón y estuvo a punto de revelar la verdad, de no haber sido porque afiancé su corazón para que fuera una verdadera creyente.
Le dijo [la madre] a la hermana [de Moisés]: “Sigue sus rastros”; ella lo veía de lejos sin que se dieran cuenta.
No permití que ninguna nodriza pudiera amamantarlo. Dijo [la hermana de Moisés]: “¿Acaso quieren que les indique una familia que puede cuidarlo y criarlo bien?”
Así se lo devolví a su madre [como nodriza] para consuelo de sus ojos, para que no se entristeciera y supiera que la promesa de Dios siempre se cumple, aunque la mayoría [de la gente] lo ignore.
Cuando se convirtió en adulto y tuvo madurez, le concedí conocimiento y sabiduría. Así es como retribuyo a quienes hacen el bien.
[Moisés] ingresó cierta vez a la ciudad sin que sus habitantes se percataran y encontró a dos hombres que peleaban, uno era de los suyos1 y el otro era de sus enemigos. El que era de los suyos le pidió ayuda contra el que era de sus enemigos. Entonces Moisés le golpeó con su puño y [sin intención de hacerlo] le causó la muerte. Exclamó [Moisés]: “Esto es obra del demonio, que es un enemigo evidente que pretende desviar a la gente”.
Dijo: “¡Señor mío! He sido injusto conmigo mismo; perdóname”. Y [Dios] le perdonó, porque Él es Absolvedor, Misericordioso.
Dijo: “¡Señor mío! Por la gracia que me has concedido, que no sea yo auxiliador de un malhechor criminal”.
A la mañana siguiente amaneció temeroso y cauteloso, y quien le había pedido ayuda el día anterior nuevamente le pedía auxilio a gritos. Entonces Moisés le dijo: “No cabe duda de que eres un perdido [busca pleitos]”.
Cuando [Moisés] quiso sujetar al enemigo de ambos, éste le dijo: “¡Oh, Moisés! ¿Acaso pretendes matarme como lo hiciste con otro ayer? Solo quieres imponer tu tiranía en la tierra, en lugar de ser de aquellos que establecen el orden”.
Entonces, un hombre que vivía en las afueras de la ciudad se dirigió presuroso [hacia donde Moisés] y le dijo: “¡Oh, Moisés! La nobleza se confabuló para matarte. ¡Huye! Yo solo te aconsejo”.
Presuroso, Moisés se alejó de la ciudad con temor y cautela, diciendo: “¡Señor mío! Protégeme de los opresores”.
Y cuando se encontraba camino a Madián dijo: “¡Pueda que mi Señor me guie por el camino correcto!”
Cuando llegó a la aguada de Madián, encontró pastores dando de beber a sus rebaños, y vio que apartadas de ellos había dos mujeres que sujetaban a sus rebaños, entonces les preguntó: “¿Qué os sucede?” Respondieron [ellas]: “No podemos abrevar a nuestro rebaño hasta que los pastores se hayan ido, y nuestro padre es ya un anciano [para hacerlo él]”.
Entonces [Moisés] abrevó al rebaño por ellas, y al terminar se retiró a la sombra y exclamó: “¡Señor mío! Realmente necesito cualquier gracia que me concedas”.
[Más tarde,] una de ellas regresó y acercándose a él con recato le dijo: “Mi padre te envía una invitación para retribuirte por haber abrevado nuestro rebaño”. Y cuando se presentó ante él, le relató su historia, y [el padre de las dos mujeres] le dijo: “No temas, [aquí] estás a salvo de los opresores”.
Una de ellas dijo: “¡Oh, padre! Contrátalo, pues qué mejor que contratar a un hombre fuerte y honesto”.
Dijo [el padre de las dos mujeres a Moisés]: “Quisiera ofrecerte en matrimonio a una de mis dos hijas a condición de que trabajes con nosotros durante ocho años, pero si deseas quedarte diez será algo que tú hagas voluntariamente. No pretendo dificultarte las cosas, y me encontrarás, si Dios quiere, entre los que tratan con justicia [a sus empleados]”.
Dijo [Moisés]: “Eso es [un acuerdo] entre tú y yo. Cualquiera que sea el plazo que cumpla no será injusto conmigo, y Dios es testigo de lo que decimos”.
Cuando Moisés hubo cumplido el plazo, partió con su familia por la noche [rumbo a Egipto] y [en el camino] divisó un fuego en la ladera de un monte1 y le dijo a su familia: “Permaneced aquí, pues he divisado un fuego y quizás pueda traeros alguna noticia [del camino que debemos seguir], o bien una brasa encendida para que podamos calentarnos”.
Cuando llegó hasta el fuego escuchó que le llamaban desde un árbol que se encontraba en la ladera derecha del valle, en el lugar bendecido: “¡Oh, Moisés! Yo soy Dios, el Señor del Universo.
Arroja tu vara”. Y cuando la vio moverse como si fuera una serpiente, se dio la vuelta para huir sin mirar atrás. [Le dijo Dios:] “¡Oh, Moisés! Acércate y no temas. Tú eres de los que están a salvo.
Introduce tu mano por el cuello de tu túnica, y saldrá blanca y resplandeciente, sin ningún mal; y aprieta tu brazo junto al pecho para vencer el temor. Éstos son dos milagros de tu Señor para [que vean y crean] el Faraón y su nobleza. Ellos son un pueblo corrupto”.
Dijo [Moisés]: “¡Señor mío! He matado a un hombre de los suyos y temo que me ejecuten.
Mi hermano Aarón es más elocuente que yo, envíalo conmigo para que me ayude y confirme lo que yo diga, pues temo que me desmientan”.
Dijo [Dios]: “Te reforzaré con tu hermano y os daré autoridad. No podrán haceros daño. Gracias a Mis milagros, vosotros dos y quienes os sigan seréis los triunfadores”.
Pero cuando Moisés se presentó con Mis signos evidentes, dijeron: “Esto no es sino una ilusión creada por hechicería. No hemos oído hablar de esto a nuestros ancestros”.
Dijo Moisés: “Mi Señor sabe mejor que nadie quién ha venido con la guía que proviene de Él y quién triunfará en la otra vida. Los que cometen injusticias no prosperarán”.
Dijo el Faraón: “¡Oh, corte! No conozco otra divinidad que no sea yo mismo. ¡Oh, Hamán! Enciende el horno para cocer ladrillos de barro, y construid para mí una torre para que quizás así pueda ver al dios de Moisés, aunque creo que es un mentiroso”.
El Faraón y sus huestes tiranizaron el país violando todos los derechos, pensando que no iban a tener que comparecer ante Mí.
Pero los sorprendí, al Faraón y a sus huestes, y los ahogué en el mar. Observa cuál fue el final de los que cometían injusticias.
Hice que ellos [en esta vida] fueran líderes, pero conducían [a la gente al] Infierno. El Día de la Resurrección no serán socorridos.
Por eso decreté que en esta vida fueran maldecidos, y que en el Día de la Resurrección sean de los apartados de todo bien.
Le he revelado a Moisés el Libro [la Torá] después de haber destruido a las anteriores generaciones [de opresores]. En él hay luz, guía y misericordia para que reflexionen.
Y tú [¡Oh, Muhámmad!] no estabas en la ladera occidental [del monte Sinaí] cuando ordené la misión de Moisés, ni fuiste testigo de ello1.
Pero hice surgir otras generaciones que tuvieron larga vida. Tú no viviste [¡Oh, Muhámmad!] entre la gente de Madián para transmitirles Mi Mensaje, sino que te he designado Mensajero [para toda la humanidad]1.
No estabas en la ladera del monte cuando llamé [a Moisés, y te lo revelo] como una misericordia para que adviertas a tu pueblo, al que no se le había presentado ningún Profeta para advertirles antes de ti. Quizás así reflexionen.
Para que no digan cuando les acontezca una desgracia, a causa de las acciones malas que hicieron con sus propias manos: “¡Señor nuestro! Si nos hubieras mandado un Mensajero, habríamos acatado Tus órdenes y nos hubiéramos contado entre los creyentes”.
Sin embargo, cuando les llegó la Verdad proveniente de Mí dijeron: “¿Por qué no se le han dado [a Muhámmad] las mismas evidencias que a Moisés?” Pero ¿acaso no habían rechazado ya lo que anteriormente se le había concedido a Moisés? Dijeron: “Son dos clases de hechiceros confabulados y no les creemos a ninguno de los dos”.
Diles [¡Oh, Muhámmad!]: “Traed un libro proveniente de Dios que sea una guía mejor que estos dos1 y yo lo seguiré, si es que decís la verdad.
Pero si aun así no responden [a tu llamada], sabe que no hacen más que seguir sus propias pasiones. ¿Acaso existe alguien más extraviado que quien sigue sus pasiones sin ninguna guía de Dios? Dios no guía a la gente que comete injusticias.
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