Viendo sura 4
Viendo sura 4
An-Nisa
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The Women
¡Oh, seres humanos! Tened temor de vuestro Señor, Quien os ha creado de un solo ser, del que creó a su cónyuge y ha hecho descender de ambos muchos hombres y mujeres. Tened temor de Dios, en cuyo nombre os reclamáis vuestros derechos, y respetad los lazos familiares. Dios os observa.
Reintegrad los bienes materiales a los huérfanos [cuando alcancen la pubertad]. No les cambiéis lo bueno de ellos por lo malo vuestro, ni os apropiéis de los bienes materiales de ellos agregándolos a los de vuestros, porque es un gran pecado.
No os caséis con las huérfanas que habéis criado si teméis no ser equitativos [con sus dotes], mejor casaos con otras mujeres que os gusten: dos, tres o cuatro. Pero si teméis no ser justos, casaos con una sola o con una esclava, porque es lo mejor para evitar cometer alguna injusticia.
Dad a las mujeres la dote con buena predisposición. Pero si ellas renuncian a parte de ella a vuestro favor, disponed de ésta como os plazca.
No confiéis a los [huérfanos menores de edad que sean] derrochadores los bienes materiales cuya administración Dios os ha confiado. dadles alimentación y vestimenta, y habladles con cariño.
Poned a prueba la madurez de los huérfanos cuando alcancen la pubertad, y si les consideráis maduros y capaces, entregadles sus bienes. No los derrochéis antes de que alcancen la mayoría de edad. El [administrador] que sea rico, que se abstenga [de cobrar honorarios por su administración]; y el pobre que cobre lo mínimo. Cuando les entreguéis su patrimonio, hacedlo ante testigos. Es suficiente con que Dios os pedirá cuentas.
A los varones les corresponde un porcentaje de la herencia que dejen los padres y parientes más cercanos, y a las mujeres otro porcentaje de lo que los padres y parientes más cercanos dejen. Fuere poco o mucho, les corresponde [por derecho] un porcentaje determinado de la herencia.
Si algunos [otros] parientes, huérfanos o pobres, asisten al reparto de la herencia, dadles algo y tratadles con amabilidad.
Que [los apoderados de los huérfanos] se preocupen [por ellos] igual que si dejasen tras de sí a sus propios hijos menores huérfanos y temiesen por ellos. Que tengan temor de Dios y digan la verdad.
Quienes se apropien injustamente de los bienes de los huérfanos, estarán llenando sus entrañas con fuego y arderán en el Infierno.
Dios prescribe respecto a [la herencia de] vuestros hijos: Al varón le corresponde lo mismo que a dos mujeres. Si las hermanas son más de dos, les corresponderán dos tercios de la herencia. Si es hija única, le corresponde la mitad. A cada uno de los padres [del difunto] le corresponderá un sexto, si deja hijos; pero si no tiene hijos y le heredan solo sus padres, un tercio es para la madre. Si tiene hermanos, un sexto es lo que corresponde a la madre. Esto después de cumplir con sus legados y pagar sus deudas. Vosotros ignoráis quiénes tienen más derecho al beneficio de la herencia, si vuestros padres o vuestros hijos, de ahí este precepto de Dios. Dios es Sabio, todo lo sabe.
A los hombres les corresponde la mitad de lo que dejaran sus esposas si no tuvieran hijos. Si tuvieran hijos les corresponde un cuarto, después de cumplir con sus legados y pagar sus deudas. Si no tuvieran hijos, a las mujeres les corresponde un cuarto de lo que dejaran. Si tuvieran hijos, entonces un octavo de lo que dejaran, después de cumplir con sus legados y pagar las deudas. Si [el difunto] no tiene padres ni hijos, pero sí un hermano o una hermana, entonces les corresponde a cada uno de ellos un sexto. Si son más, participarán del tercio de la herencia, después de cumplir con los legados y pagar las deudas, siempre que los legados no causen perjuicio a los herederos. Esto es un precepto de Dios. Dios es Sabio, Generoso.
Éstas son las leyes de Dios. A quien obedezca a Dios y a Su Mensajero, Él lo introducirá en jardines donde corren ríos, donde vivirá por toda la eternidad. Éste es el éxito supremo.
Pero a quien desobedezca a Dios y a Su Mensajero y no cumpla con Sus leyes, Él lo introducirá en el Infierno donde morará por toda la eternidad y sufrirá un castigo humillante.
Si una mujer es acusada de fornicación, deben declarar en su contra cuatro testigos [presenciales del acto]. Si los testigos confirman el hecho, condénenla a reclusión perpetua en su casa o hasta que Dios le conceda otra salida1.
El castigo se aplica a los dos que lo cometen [hombre y mujer]. Pero cuando se arrepientan y enmienden, dejadlos en paz. Dios es Indulgente, Misericordioso.
Dios solo perdona a quienes cometen el mal por ignorancia y se arrepienten antes de morir. A éstos Dios los absuelve porque es Sabio y todo lo sabe.
Mas no serán perdonados quienes sigan obrando mal [por rebeldía contra Dios] hasta que les sorprenda la muerte y solo entonces digan: “Ahora me arrepiento”. Ni tampoco quienes mueran negando la verdad; a éstos les tenemos reservado un castigo doloroso.
¡Oh, creyentes! Quedan abolidas las costumbres [paganas preislámicas] de heredar a las mujeres como un objeto y de obligarlas a casarse y retenerlas por la fuerza para recuperar parte de lo que les habían dado1, a menos que ellas cometan un acto de inmoralidad2. En lugar de eso, tratad amablemente a las mujeres en la convivencia. Y si algo de ellas os llegara a disgustar [sed tolerantes], puede ser que os desagrade algo en lo que Dios ha puesto un bien para vosotros.
Y si te decides a divorciarte de tu esposa, a la que has dado una fortuna como dote, para casarte con otra [mujer], no le pidas que te devuelva nada de su dote. ¿Acaso pensabas hacerlo calumniándola, cometiendo un claro delito?
¿Acaso pretendes que se te devuelva [la dote] después de haberse entregado uno al otro [en la intimidad] a través de un solemne contrato matrimonial?
Salvo hechos consumados, os está prohibido casaros con las exesposas de vuestros padres, porque es algo obsceno, aborrecible e inmoral.
Se prohíbe contraer matrimonio con vuestras madres, hijas, hermanas, tías, sobrinas, madres de leche, hermanas de leche, suegras, y también con hijastras que estén bajo vuestra tutela nacidas de esposas con las que hayáis consumado el matrimonio; pero si no habéis consumado el matrimonio, no incurrís en falta al casaros con estas últimas. Salvo en casos consumados, también se prohíbe casarse con la esposa de vuestros hijos biológicos así como con dos hermanas a la vez. Dios es Perdonador, Misericordioso.
Se prohíbe contraer matrimonio con una mujer casada. Es permitido con una esclava. Ésta es la ley de Dios. Fuera de las prohibiciones, es lícito que busquéis casaros pagando la dote correspondiente, pero con intención de matrimonio y no de fornicar. Es una obligación dar a la mujer la dote convenida una vez consumado el matrimonio. Pero no incurrís en falta si después de haber cumplido con esta obligación legal, decidís algo distinto de mutuo acuerdo. Dios es Sabio, todo lo sabe.
Quien no disponga de los medios necesarios para casarse con una creyente libre, podrá hacerlo con una esclava creyente1. Dios conoce bien vuestra fe, y todos procedéis de un mismo ser. Casaos con ellas con el permiso de sus tutores, y dadles la dote legítima y de buen grado. Tomadlas como mujeres honestas, no como fornicadoras o amantes. Si estas mujeres se casan y cometen una deshonestidad, se les aplicará la mitad del castigo que a las mujeres libres. Esto es para los que teman caer en la fornicación, pero tener paciencia es mejor. Dios es Absolvedor, Misericordioso.
Dios quiere aclararos la ley, mostraros el camino correcto de quienes os precedieron, y perdonaros. Dios todo lo sabe, es Sabio.
Dios quiere perdonaros, mientras que quienes siguen sus pasiones solo quieren extraviaros lejos del camino recto.
Dios facilita las cosas, ya que el ser humano fue creado con una naturaleza débil.
¡Oh, creyentes! No estaféis ni usurpéis injustamente, sino comerciad de mutuo acuerdo. No os matéis entre vosotros mismos. Dios es Misericordioso con vosotros.
Quien quebrante estas leyes agresiva e injustamente, terminará en el Fuego. Eso es fácil para Dios.
Si os apartáis de los pecados más graves, perdonaré vuestras faltas menores y os introduciré con honra en el Paraíso.
No codiciéis lo que Dios ha concedido a unos más que a otros. Los hombres obtendrán una recompensa conforme a sus méritos, y las mujeres obtendrán una recompensa conforme a sus méritos. Rogad a Dios para que os conceda de Sus favores. Dios conoce todas las cosas.
Cada uno de vosotros tiene derecho a heredar de lo que dejen sus padres y sus parientes más cercanos. Aquellos con quienes hayáis celebrado un pacto, también tienen derecho a heredar1. Dios es testigo de todas las cosas.
Los hombres son responsables del cuidado de las mujeres debido a las diferencias [físicas] que Dios ha puesto entre ambos, y por su obligación de mantenerlas con sus bienes. Las mujeres piadosas e íntegras obedecen a Dios y en ausencia de su marido se mantienen fieles, tal como Dios manda. A aquellas de quienes temáis maltrato y animadversión, exhortadlas, tomad distancia no compartiendo el lecho, y por último poned un límite físico1; si os obedecen [en lo que Dios ordena], no les reclaméis ni recriminéis más. Dios es Sublime, Grande.
Si teméis la ruptura del matrimonio, apelad a un mediador de la familia de él y otro de la familia de ella. Si tenéis el deseo íntimo de reconciliaros, Dios os ayudará a llegar a un acuerdo. Dios todo lo sabe y está bien informado1.
Adorad solamente a Dios y no dediquéis actos de adoración a otros. Haced el bien a vuestros padres, a vuestros familiares, a los huérfanos, a los pobres, a los vecinos parientes y no parientes, al compañero, al viajero insolvente y a quienes están a vuestro servicio. Dios no ama a quien se comporta como un arrogante jactancioso.
Que los avaros, los que incitan a otros a la avaricia, y los que ocultan el favor que Dios les ha concedido, sabed que Dios ha preparado para los ingratos un castigo humillante.
También para los que hacen caridad solo para ser vistos por la gente, y no creen [de corazón] en Dios ni en el Día del Juicio Final. ¡Quien tome al demonio por compañero, qué pésimo es su consejero!
¿Qué les habría costado creer en Dios y en el Día del Juicio y dar caridades de aquello que Dios les concedió? Dios los conoce perfectamente.
Dios no es injusto con nadie ni en el peso de la más ínfima partícula. Por el contrario, retribuye generosamente toda obra de bien, y concede de Su parte una recompensa magnánima.
¿Qué pasará cuando traiga a un testigo de cada comunidad y te traiga a ti [¡Oh, Muhámmad!] como testigo contra los que niegan la verdad [y las gracias de Dios]?
Ese día, los que negaron la verdad y se opusieron al Mensajero, querrán que la tierra se los trague. No podrán ocultar ni una de sus palabras ante Dios.
¡Oh, creyentes! No hagáis la oración si estáis bajo el efecto de embriagantes1 hasta que sepáis lo que estáis diciendo. Tampoco [hagáis la oración] si estáis impuros hasta que os hayáis bañado, excepto quien solo necesite pasar por la mezquita. Pero si os encontráis enfermos o de viaje, o si habéis hecho vuestras necesidades o habéis tenido relaciones sexuales con vuestra mujer y no encontráis agua [para la ablución], buscad tierra limpia y pasáosla por el rostro y las manos. Dios es Remisorio, Absolvedor.
¿No te asombra el caso de quienes recibieron algo de la revelación, pero la cambiaron por el extravío? Ellos anhelan que vosotros también os desviéis del camino recto.
Dios conoce bien a vuestros enemigos. Dios es suficiente como Protector y Socorredor.
Algunos judíos tergiversan el sentido de las palabras sacándolas de contexto, como cuando dicen: “Te oímos [y al mismo tiempo les dicen a otros], pero no te seguiremos en nada de lo que digas”. [O como cuando dicen:] “Óyenos tú, que no aceptamos oírte”. Te llaman con doble sentido en sus palabras ofendiendo la religión [de Dios]. Si hubieran dicho: “Te oímos y te seguiremos. Escúchanos y sé paciente con nosotros”, sería mejor para ellos y más correcto. Pero Dios los alejó de Su misericordia por negarse a aceptar la verdad, poco es lo que creen.
¡Oh, Gente del Libro! Creed en lo que he revelado ahora, que confirma lo que ya teníais [de la verdad], antes de que borre los rasgos de vuestra identidad y terminéis en vuestra propia perdición, u os maldiga como maldije a los que profanaron el sábado. Lo que Dios dispone es ineludible.
Dios no perdona la idolatría1, pero fuera de ello perdona a quien Le place. Quien asocie algo a Dios comete un pecado gravísimo.
¿No has visto a los que se jactan de puritanos? En realidad es Dios Quien concede la pureza [librando del egocentrismo] a quien Le place. Nadie será tratado injustamente [en cuanto a la recompensa que sus obras merezcan].
Observa cómo inventan mentiras y las atribuyen a Dios. Eso es en sí mismo un pecado evidente.
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بِسْمِ ٱللَّهِ